“Acuarela”, etimológicamente, deriva del latín "aqua" y el diccionario nos la define como "pintura realizada con colores diluidos en agua y que emplea como blanco el color del papel" o "cada uno de los colores con los que se realiza esta pintura".
Básicamente, las acuarelas consisten en la dispersión de un pigmento en una solución de goma arábiga (sustancia natural que se extrae de la resina de árboles subsaharianos, como la acacia de Senegal) o de tragacanto (de otros árboles).
A esta mezcla pueden añadirse otras sustancias como glicerina, miel o hiel de vaca (para darle viscosidad y unir el colorante a la superficie a pintar), y agentes conservadores o fungicidas como el fenol.
Toda acuarela palidece si se expone al sol, los colores permanecen cuanta más calidad tienen los pigmentos.
Podemos encontrar los colores en tubos o pastillas.
En la práctica, los colores ya preparados se disuelven en agua, o mejor en agua destilada, y se aplican al papel por medio de un pincel, en forma de aguadas.
La característica principal de los trabajos en acuarela es la transparencia que producen estos pigmentos diluidos, lo que hace también difícil la tarea de corregir o disimular algún error que se produzca en el periodo de ejecución.
El agua es la protagonista de la acuarela y la causante de la excepcional transparencia y luminosidad que la caracterizan, imposibles de conseguir casi con ningún otro medio.
En su utilización interviene el agua junto a una pequeña cantidad de pigmento que, una vez evaporada el agua, queda depositado en una capa tan diáfana que permite que el color blanco del papel quede a la vista a través de la pintura.
Así pues, una aguada clara no puede “tapar” otra oscura.
El sistema de trabajo típico de la acuarela consiste en aplicar los lavados ordenadamente, o sea, partir de los tonos más claros para superponer capas sucesivas y dejar los tonos intensos y oscuros para el final. La transformación que experimentan las obras ejecutadas con esta técnica es la de presentar un aspecto muy vivo cuando están húmedas, y más tenues o claras una vez que la obra seca.
Esta transformación, que evidentemente cambia el aspecto de la obra final, puede llegar a un 50%, dependiendo de la cantidad de color con la que se haya cargado el pincel al ejecutar las aguadas. Hay que tener en cuenta este proceso a fin de conseguir el aspecto final buscado.
La acuarela, en principio, ofrece una engañosa facilidad.
Es una técnica “seductora”, y la mayoría empezamos a pintar sin conocer la técnica, y terminamos con una gran decepción ante los pobres resultados.
Las acuarelas requieren bastante estudio de la técnica y constancia en su práctica para resolver con ciertas garantías cualquier obra.
Por otra parte, la técnica debe ser utilizada en beneficio de la obra y por lo tanto, nunca deberá ser más importante que lo que se pinta.
A pesar de que algunos puristas defienden que existe una forma correcta de pintar con acuarela, sin salirse de las normas establecidas en el pasado, en la actualidad cada vez son más los artistas que, persiguiendo un resultado final, utilizan y mezclan técnicas en la misma obra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario